Hijoputa (con perdón)
Resulta grosero, zafio y soez, pero si pretendo atraer
la atención de ustedes sobre las humildes líneas que de vez en cuando voy
alumbrando, no tengo más remedio que
titular las mismas de esta forma: Hijoputa.
Ante todo quiero dejar claro que
aunque a diario me asaltan las ganas de ir colgando y soltando dicha expresión sobre más de uno que campea
por este mundo nuestro, esto de hoy no viene predicado de ningún sujeto en
concreto; hacerlo seria de lo mas abyecto y cobarde, puesto que soltar semejante apoteósico
exabrupto, debe hacerse a la cara y no mediando la distancia que hay entre las
letras del insultante y la persona insultada. Por mucho que alguien y sus consanguíneos
en línea directa se lo merezcan, hay cosas que deben hacerse bien de cerca y
dando la oportunidad a la defensa o replica inmediata al ofendido.
No señores, no. Esto de hoy es
cosa mía y cuando digo mía quiero decir que el insultado he sido yo. En pocas
palabras: hijoputa=yo.
Pues verán. Serían como las
cuatro o cuatro y algo de la tarde. A pesar de este calor sofocante y “ajqueroso”,
salgo de mi casa como digo siempre, con la felicidad y el buen sabor de boca que me dejan siempre el café y los besos de mi
mujer. Todo junto. Junto a mi moto, hay
una parada de autobús la mar de bonica, con su marquesina y su estupenda papelera.
Mientras ejecuto la maniobra de quitar candado y sacar el casco para colocármelo
(a ver esas lumbreras que hay por el mundo, menos software y más sistemas de protección
para la “almendra” que no den tanto calor ¡leche!) llega el autobús. Se baja
una señora de mediana edad. Según va bajando del público transporte va haciendo
con su mano una bolita con el billete, o con lo que sea que fuere aquel papel y
antes de pasar por delante de la
papelera, de hecho si tomas esa dirección concreta, casi te das con ella de
bruces, lanza con desden el papelito al suelo; al puñetero suelo, de la puñetera acera, del
puñetero barrio donde vivo.
La conversación no puede
calificarse precisamente de socrática:
-
Señora, hay papeleras. -Digo en tono amigable, respetuoso
y casi conciliador-
-
Hijoputa –Me suelta la buena mujer con cara de
estar escasa y defectuosamente satisfecha desde un punto de vista sexual. (esto
último se podría haber dicho con menos palabras pero
mas graficas , lo sé) –
¿Qué hacer? ¿Cómo responder?
Pues eso. Como los malos toreros
conscientes de su mala faena: con un respetuoso silencio. Y no es que yo tenga
por cierto que mi señora madre haya ejercido el más antiguo de los oficios y
por tanto deba callar ante tal afirmación. No. Simple y llanamente es que no
supe que responder a una mujer sobre todo cuando desde bien pequeñito a uno le han
enseñado que determinadas condiciones como la femenina o las canas, hay que respetarlas siempre, aunque te duela
el alma hacerlo.
Por eso, he decidido tragarme las
ganas de ponerla a usted y a sus ancestros a la misma altura y he pensado que
me resulta mas cómodo responderle desde esta mini tribuna que yo solito me he
construido y ya de paso , exponer mi opinión sobre mas de un boceras que anda por el mundo tachando de su personal diccionario
las palabras civismo o deber.
Vamos a ver mis queridos acémilas,
vamos a ver si me explico. No es que yo sea un lumbreras pero tampoco hace
falta serlo para darse cuenta de que la mayoría de los servicios públicos que
nos presta papá estado o las acciones con finalidad social que afronta son
simple y llanamente DEFICITARIAS. ¿y esto que quiere decir? Pues que con los
impuestos que pagamos no están cubiertos ni de coña marinera y menos aún en un país en el que las cifras oficiales nos
dicen que casi uno de cada cuatro españoles, no trabaja.
Mas aún, cuanto mas hagamos que
papi (o el partido que haga de papi en la casa de cada uno) siga esforzándose
en ponernos un aeropuerto en cada pueblo, un ave en la puerta de casa, O UN
PUÑETERO BARRENDERO POR CADA METRO
CUADRADO, mas dinero va a tener que seguir invirtiendo, mas deficitario será,
mas nos subirá los impuestos y simplemente
al final se acabará yendo al
maldito carajo como pasa en países donde antaño se hacían guerras por los
amores de una tal Helena y ahora casi se las hacen por cosas de mas enjundia.
Y tiene que ver. Ya lo creo que
tiene que ver. Tiene que ver y mucho. Tenemos no solo el deber ciudadano sino que
diría incluso moral, de hacer esos pequeños gestos diarios que hacen que nuestras
ciudades no solo sean mas habitables o limpias sino simplemente, sostenibles. ¿y
esto queeloquè? Básicamente entender que sin nuestra colaboración activa, todo
se puede ir a la porra. Antes que competencia de nuestros a veces incompetentes
gobernantes, es nuestra competencia y responsabilidad entender que cada cosa
que hacemos repercute en los demás, en todos y cada uno de nuestros vecinos,
ciudadanos y en el entorno en que vivimos.
Y tiene que ver porque al final, uno
se cree que medio país se jubile a los cincuenta, el otro medio no pague
impuestos, haya docenas empresas publicas con cientos de empleados que ni ellos
mismos saben que trabajo desempeñan o seguir votando a partidos que se lo han
estado llevando crudo, no tiene consecuencias . Y las tiene, Ya lo creo que las
tiene. Para empezar que el que te presta dinero, el muy tontorrón, quiere que
se lo devuelvas. Ya ves.
A lo mejor todo empieza con el
simple gesto de creer que ya estas pagando de sobra para que alguien limpie las
calles de tus papelitos o por gritar o agredir
a un medico en un hospital o por una atención o un tratamiento que necesitaríamos
varias vidas para cubrir su coste real …por poner un par de ejemplos. Así , a
lo tonto.
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