lunes, 6 de julio de 2015


Hijoputa (con perdón)

 

Resulta  grosero, zafio y soez, pero si pretendo atraer la atención de ustedes sobre las  humildes líneas que de vez en cuando voy alumbrando,  no tengo más remedio que titular las mismas de esta forma: Hijoputa.

Ante todo quiero dejar claro que aunque a diario me asaltan las ganas de ir colgando y soltando  dicha expresión sobre más de uno que campea por este mundo nuestro, esto de hoy no viene predicado de ningún sujeto en concreto; hacerlo seria de lo mas abyecto y cobarde,  puesto que soltar semejante apoteósico exabrupto, debe hacerse a la cara y no mediando la distancia que hay entre las letras del insultante y la persona insultada. Por mucho que alguien y sus consanguíneos en línea directa se lo merezcan, hay cosas que deben hacerse bien de cerca y dando la oportunidad a la defensa o replica inmediata al ofendido.

No señores, no. Esto de hoy es cosa mía y cuando digo mía quiero decir que el insultado he sido yo. En pocas palabras: hijoputa=yo.

Pues verán. Serían como las cuatro o cuatro y algo de la tarde. A pesar de este calor sofocante y “ajqueroso”, salgo de mi casa como digo siempre, con la felicidad y el buen sabor de boca  que me dejan siempre el café y los besos de mi mujer. Todo junto. Junto a mi moto,  hay una parada de autobús la mar de bonica, con su marquesina y su estupenda papelera. Mientras ejecuto la maniobra de quitar candado y sacar el casco para colocármelo (a ver esas lumbreras que hay por el mundo, menos software y más sistemas de protección para la “almendra” que no den tanto calor ¡leche!) llega el autobús. Se baja una señora de mediana edad. Según va bajando del público transporte va haciendo con su mano una bolita con el billete, o con lo que sea que fuere aquel papel y antes de pasar  por delante de la papelera, de hecho si tomas esa dirección concreta, casi te das con ella de bruces, lanza con desden el papelito al suelo;  al puñetero suelo, de la puñetera acera, del puñetero barrio donde vivo.

La conversación no puede calificarse precisamente de socrática:

-          Señora, hay papeleras. -Digo en tono amigable, respetuoso y casi conciliador-

-          Hijoputa –Me suelta la buena mujer con cara de estar escasa y defectuosamente satisfecha desde un punto de vista sexual. (esto último se podría haber dicho con menos palabras   pero mas graficas , lo sé) –

¿Qué hacer? ¿Cómo responder?

Pues eso. Como los malos toreros conscientes de su mala faena: con un respetuoso silencio. Y no es que yo tenga por cierto que mi señora madre haya ejercido el más antiguo de los oficios y por tanto deba callar ante tal afirmación. No. Simple y llanamente es que no supe que responder a una mujer sobre todo  cuando desde bien pequeñito a uno le han enseñado que determinadas condiciones como la femenina o las canas,  hay que respetarlas siempre, aunque te duela el alma hacerlo.

Por eso, he decidido tragarme las ganas de ponerla a usted y a sus ancestros a la misma altura y he pensado que me resulta mas cómodo responderle desde esta mini tribuna que yo solito me he construido y ya de paso , exponer mi opinión sobre mas de un boceras que anda  por el mundo tachando de su personal diccionario las palabras civismo o deber.

Vamos a ver mis queridos acémilas, vamos a ver si me explico. No es que yo sea un lumbreras pero tampoco hace falta serlo para darse cuenta de que la mayoría de los servicios públicos que nos presta papá estado o las acciones con finalidad social que afronta son simple y llanamente DEFICITARIAS. ¿y esto que quiere decir? Pues que con los impuestos que pagamos no están cubiertos ni de coña marinera y menos aún  en un país en el que las cifras oficiales nos dicen que casi uno de cada cuatro españoles, no trabaja.

Mas aún, cuanto mas hagamos que papi (o el partido que haga de papi en la casa de cada uno) siga esforzándose en ponernos un aeropuerto en cada pueblo, un ave en la puerta de casa, O UN PUÑETERO  BARRENDERO POR CADA METRO CUADRADO, mas dinero va a tener que seguir invirtiendo, mas deficitario será, mas nos subirá los impuestos y simplemente  al final se acabará yendo  al maldito carajo como pasa en países donde antaño se hacían guerras por los amores de una tal Helena y ahora casi se las hacen por cosas de mas enjundia.

Y tiene que ver. Ya lo creo que tiene que ver. Tiene que ver y mucho. Tenemos no solo el deber ciudadano sino que diría incluso moral, de hacer esos pequeños gestos diarios que hacen que nuestras ciudades no solo sean mas habitables o limpias sino simplemente, sostenibles. ¿y esto queeloquè? Básicamente entender que sin nuestra colaboración activa, todo se puede ir a la porra. Antes que competencia de nuestros a veces incompetentes gobernantes, es nuestra competencia y responsabilidad entender que cada cosa que hacemos repercute en los demás, en todos y cada uno de nuestros vecinos, ciudadanos y en el entorno en que vivimos.

Y tiene que ver porque al final, uno se cree que medio país se jubile a los cincuenta, el otro medio no pague impuestos, haya docenas empresas publicas con cientos de empleados que ni ellos mismos saben que trabajo desempeñan o seguir votando a partidos que se lo han estado llevando crudo, no tiene consecuencias . Y las tiene, Ya lo creo que las tiene. Para empezar que el que te presta dinero, el muy tontorrón, quiere que se lo devuelvas. Ya ves.

A lo mejor todo empieza con el simple gesto de creer que ya estas pagando de sobra para que alguien limpie las calles de tus papelitos o  por gritar o agredir a un medico en un hospital o por una atención o un tratamiento que necesitaríamos varias vidas para cubrir su coste real …por poner un par de ejemplos. Así , a lo tonto.

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