La fiesta comienza sobre las
siete o siete y cuarto de la mañana, aunque para ella empezó el 17 de diciembre del
año pasado. Desde entonces y cada dos horas de todos los días de hace casi un
año, mi princesa ha decidido que mamá no necesita dormir y por lo tanto, los
despertadores han pasado a ser un artilugio prescindible. Yo, aunque hago lo
que puedo, he dormido mis horitas pero ella, en fin, que les voy a decir.
Mi pequeño príncipe la echa de
menos. Nadie le pidió permiso ni opinión
para introducir a esta nueva aristócrata en su reino, así que hay veces que en
mitad de la noche y justo cuando mamá parece haber conciliado uno de sus sueños
por fasciculos, se despierta gritando como un poseso su nombre; todo ello sin
contar, las toses de los resfriados, algún pipi, los cambios de pañal y la teta, esa teta que cada dos horas le recuerda que hace unos años elegió ser madre lejos de su casa y de su gente.
Después de estas noches tan
entretenidas, a la mañana siguiente, pone
en marcha a toda la tropa. Eso quiere decir que la ropa esta planchada ,
doblada y colocada en su sitio con precisión cuartelaria, la cartera con el desayuno
listo y un beso de despedida al que no le falta una sonrisa y un os quiero que
a mi me costaría un mundo articular después de noches así. Por cierto, hago un inciso: en todo
este tiempo juntos no ha dejado de decirme ni un solo día , créanme ni un solo
día, te quiero.
Luego viene esa rutina tediosa y
sofocante de la casa. Esa rutina que te anula como persona productiva porque no se a quién diablos se le
ocurrió una vez que eso, no es trabajar, es otra cosa que no se sabe bien que
es, pero trabajar, no, ni mucho menos. ¡anda que si , campeón! Planchar , comprar,
limpiar y lavar mientras un pequeño ser humano de once meses se te enreda en
las piernas reclamando tu atención.
Las tardes no son mucho mejores.
Si el tiempo está mas o menos bueno, un ratito en el parque para que estos
cabroncetes acaben el día cansados y no estén encerrados en casa volviéndola loca;
de lo contrario se inventa una y mil formas de entretenerlos con deberes,
juegos, dibujos y yo que sé qué demonios más. Si les soy sincero a mí las ideas
se me habrían acabado a los cinco minutos del primer día, pero a ella no. Ella
es constante, imaginativa, tenaz incluso para hacer que el peque, jugando , ya
haya aprendido cosas que ni por asomo , son propias de su edad.
Después el baño, las cenas, los
cuentos, la teta (ya he perdido la cuenta de cuantas veces al cabo del día) y a
dormir. Y ahora viene lo mejor : aún le quedan fuerzas para preguntarme que tal
me ha ido el día. Acojonante. Me lo pregunta y además espera mi respuesta con
cierta avidez. De hecho en alguna ocasión si he llevado la jornada medio
torcida y le respondo solo con una o dos palabras, me recrimina mi falta de
comunicación.
La he visto reír, llorar,
trabajar como una mula dentro y fuera de
casa, parir con un dolor que no quiero ni puedo imaginar, soportar todo lo que
a diario tienen que soportar, ordenar y darle paz a mi casa y a mi vida y ya ven, el otro día me decía:
cariño, yo…es que no hago nada
Anda queeeeee