¡Oiga usted!
Que conste que no lo digo yo, que soy de los de bolígrafo y teclado de andar por casa, sino unos señores que como reza en el emblema de su institución, se preocupan de “Limpiar, fijar y dar esplendor”.
A saber
Usted (sic.):
Pronombre personal. Forma de 2ª persona usada por tú como tratamiento de cortesía, respeto o distanciamiento.
Ya se que para muchos, entre los
que a buen seguro están mis amigos los del cuidado
look descuidado, estos señores de la Real Academia Española de la Lengua
son una panda de viejos apolillados ajenos a la ealidad socio cultural de los
tiempos de cambio que nos toca vivir, pero como yo gracias a Dios ni soy
moderno ni progre de salón, voy a soltar mi parecer sobre esta asunto, arrogándome el mismo derecho que asiste a
otros a dar su opinión, eso si, en base a la misma ley, o sea, porque me da la
gana.
Que si, que ya lo se, que soy muy
pesado y voy camino de convertirme en el cascarrabias mas cansino de la red,
pero es que como al fin y al cabo este instrumento de Internet da cabida a todo
y nos permite soltar lo que se nos va pasando y saliendo del cerebro y los
masculinos atributos, hoy me voy a
despachar a gusto sobre este asunto, que todo sea dicho de paso, lleva ya no
poco tiempo rondándome las entendederas.
Anoche estaba yo reposando mente
y cuerpo en el sofá después del ajetreado domingo (suena raro, pero de verdad
el día, dio para mucho) o dicho de otra forma, estaba apoltronado con el mando
en la mano, con esa cara de bobo que se te queda cuando miras con un ojo la programación y con otro el reloj y te
das cuenta que ni hay ganas de seguir aguantando tontunas, pero tampoco es
tiempo ya de planchar pabellón auditivo.
En esto que me aparece en la
pantalla una joven de muy buen ver. Me saluda, me mira, sonríe y me dice,
resumiendo, que compruebe si he sido agraciado con los números de la suerte y
que si no lo he sido, ya estoy
tardando en ir a comprar porque siempre toca, si no es un pito son tus pelotas
(con perdón).
EL meollo del asunto es que lo
hace dirigiéndose al personal y claro está, a mi, como si hace cinco minutos
que acabáramos de despedirnos y ella se hubiera ido por su lado y yo por el
mío y cada unos a sus cosas y a sus
quehaceres; vamos como dos amigos de los de toda la vida.
Vamos a ver amiguitos. Joven
presentadora, teleoperador de turno, vendedor puerta a puerta, simpático
dependiente, chavalote pidiendo fuego. NO
NOS CONOCEMOS. Amén de la molestia que supone
que en algunos casos se dirija usted a mí de forma o manera inoportuna o a horas intempestivas,
repito, NO NOS CONOCEMOS. No hemos sido ni debida, ni indebidamente
presentados. No hemos compartido ni lecho ni mantel. No fuimos juntos al mismo
cole, no somos compañeros de trabajo, no pertenecemos a la misma familia
(aunque de esto nunca se está seguro al cien por cien), no somos amigos, en
definitiva, repetiré hasta la saciedad, NO NOS CONOCEMOS.
No soy “tu”, no soy “oye”, no soy
un “has” o un “eres”.
Soy un “USTED”. Y lo soy porque
me sale del alma serlo, porque me parece precioso y acojonantemente encantador
dirigirme y que se dirijan a mí de forma cortes, con respeto y distancia. Lo
soy porque las formas importan y mucho; porque me gusta ver en mi, en los míos y hacer ver a otros, que circunstancias
tales como la edad y las canas, la experiencia vital, la preparación, o el
simple desconocimiento de quien sea tu interlocutor, hacen necesario manifestar de alguna forma
esa distancia que nos separa.
Ahora les toca a ustedes
argumentar a lo aquí expuesto pero ya le digo que si su respuesta va a ir en la
línea de que tutear no significa en modo alguno falta de respeto y de que en
otros idiomas como en el ingles no existe esta forma de segunda persona y no
por ello son menos educados que nosotros (cosa que suplen sobradamente con la
entonación adecuada, expresiones formales,
y el Mr. , Sir y Mrs. a cascoporro) , se
pueden ir ahorrando el tecleado porque para ello nos han dotado este maravilloso idioma centenario nuestro de
esta exquisita forma del pronombre, de lo contrario, pues eso, se lo habría
ahorrado.
Por cierto, si se quieren dar un
buen baño de “ustedes” pasen una temporada rondando la Américas; ya verán ya,
ya verán que gusto.
Ah y otra cosa. Obsérvese que en ningún momento he
empleado la expresión “no somos iguales”
porque a pesar de que en la mayoría de los casos no lo somos ni por edad, ni por preparación, ni por morfología, es evidente que puede ser un
argumento equivoco al que le podrían ustedes sacar mucha punta.
Solo he dicho que NO NOS CONOCEMOS, es mas, creo que casi le
digo que en algunos casos, no quiero ni conocerle.
Que tengan ustedes un magnifico lunes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario