Disculpen ustedes mi ausencia…si es que alguno me ha echado de menos; pero
es que en los últimos meses hay alguien que me tiene ocupado la sesera y los
tiempos, con sumo placer por mi parte, he de decir.
Y es que me he visto una cosa esta mañana que me ha empujado de nuevo a
exponer mi humilde opinión sobre esto, aquello y lo de más allá, o sea, el
debate de ayer.
Bueno. Pues resulta que me vengo caminando desde casa al trabajo como
muchas mañanas por aquello de mover un poco este cuerpo que Dios me ha dado y
la vida me ha dejado. En esto que me quedo mirando una valla publicitaria de
estas que colocan “ad hoc” para el tema electoral; y digo bien cuando hablo de
publicitaria, porque esto de la política nuestra se ha convertido más bien en
un juego de slogans que de chicha, profundidad y argumento de lo hecho y por
hacer. Pues eso, que me quedo mirando la cara sonriente de nuestros ilustres
candidatos (nótese el sarcasmo) y me encuentro con que alguien a boli, ha
escrito en uno de esos carteles la siguiente frase: “votatumadre”.
Sí señor. Visto como está el panorama político en este país, la opción de
recuperar el viejo principio de derecho romano expuesto por Paulo “MATER SEMPER
CERTA EST” es la más razonable y eficaz: La madre siempre es cierta, conocida. La madre, la que nunca falla, la que siempre
está ahí, la que a pesar de nosotros y de nuestras bajas pasiones, sabe lo que
nos conviene.
Supongo que ese humilde votante, hastiado ya de tanto discurso y tanta
campaña, mareado de tanto trajín, ha vuelto cariacontecido la mirada a la
cierta y segura presencia materna en busca de la paz y el sosiego que siempre
se encuentra en su regazo, Y yo, permítanme, hago proselitismo de tal opción.
Con dos cojones caballero o señora, aplaudo su decisión.
Solo les pido un momento de reflexión. Solo eso. Un momento de humilde,
seria y profunda reflexión. No se puede seguir así. El espectáculo presenciado
anoche fue solo calificable de bochornoso. Aparte de los que viven de esto, es
decir, los de la casa de cada uno y los periodistas, agencias y medios que tienen que llenar páginas y minutos
alimentando a veces con cierta repugnante saña el enfrentamiento, los demás,
nosotros, los paganini, nos podemos , no debemos dejarnos arrastrar por este espectáculo,
decantándonos incluso airadamente por
defender representaciones y políticos así porque, para eso, para pelarnos como
vecinas, ya estamos nosotros, la gente de la calle, de las empresas, los
trabajadores y en definitiva todos aquellos que no nos dedicamos a vivir de la política. Alguien que se postula a algo
tan serio como presidir y dirigir los destinos de una nación, no puede caer tan
bajo.
Insultar descarada y abiertamente al adversario, marear y tergiversar las
cifras hasta convertirlas en un vulgar embuste para adaptarlas a la particular
visión de la realidad y en definitiva lanzar el mensaje de “…vótame a mí porque,
aunque corrupto, lo soy menos que mi primo el de enfrente”, es simple y llanamente
insultar la ya maltrecha inteligencia de la gente por tantas leyes sobre educación
aprobadas y desaprobadas según corra el viento cada cierto tiempo.
Y eso fue lo que hicieron los dos licenciados que anoche se pusieron cara a
cara ante España. Pero lo más vergonzante es que los medios paniaguados (no se confundan,
lo son todos, sin excepción) se permitan hacer encuestas de opinión sobre si
fue este el otro o el de la moto, el que gano el puñetero debate. Pero esperen,
esperen, como decía Porky en los dibujos de la Warner: ¡no se vayan todavía aún
hay más! Ahora resulta que en realidad los que ganaron fueron los que no
estuvieron. ¡toma ya! Si si, esos a los que algunos quieren hacer presidentes
de algo tan serio como todo un país porque dan bonito y joven ante la cámara y
nos hablan de tiempos nuevos o los otros que con la coleta al viento nos hablan
de realidades paralelas en las que todo se arregla con cuatro citas literarias
que suenan de maravilla o subiendo los impuestos a los ricos (defínase concepto
rico según convenga) o a las grandes empresas (“pa motivarlas y que se queden aquí
dando trabajo campeón).
Pues miren ustedes; pena penita pena de un país en el que, por poner un ejemplo,
ya nadie habiendo nacido de las entrañas del franquismo, Don Adolfo Suarez,
tiene la visión de un país en democracia y reconciliado y llama al que
está más en las antípodas de sus oponentes políticos, Don Santiago Carrillo, y
le dice: oye socio, vamos a tomarnos un café porque así, no podemos seguir. No.
Es mejor seguir peleando y tratando de imponer realidades inventadas, futuros
ideales y tiempos nuevos que no lo son, arcadias felices que en el fondo no son
más que cagadas bolivarianas sin recorrido, y en definitiva como decía la
canción, un quítate tú, “pa” ponerme yo.
Lo más triste es que en medio, estamos nosotros mirando complacientes como
mueven la cuerda y metiéndonos sonrientes a saltar su comba con sumo gusto. Bueno,
no todos; hay un visionario que en estas elecciones va a votar a su madre.
Repito: con dos cojones.
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